
Hasta hace poco comprendí un aspecto muy diferente de la vida en pareja ya que nos han enseñado por decadas que el matrimonio es algo tan sublime y que en él no hay mancha alguna y aún a pesar de los problemas siempre todo es paz y felicidad....
...pero... en mi experiencia propia he llegado a descubrir que uno de los ecretos para un matrimonio feliz no es tratar de todo salga bien, proque lo que a Mi me parece lo ideal no lo es para mi esposa, y solo con un alto grado de comprención uno puede encontrar ese punto de equilibrio entre LO QUE TE GUSTA Y LO QUE ME GUSTA.
Mi esposa ha desarrollado un amplio sentido de la tolerancia, cosa que aun yo trato de desarrollar, pero cada vez que surgue alguna "diferencia" entre nosotros, es ella quien toma la batuta de enmendar lo sucedido, es decir, un matrimonio NUNCA va ser feliz si alguno de los conyugues trata de hacer las cosas a la PERFECCION, porque dicha perfeccion en el matrimonio no existe.
Hace poco leí un articulo que trata aceca de esos inconvenientes que a diario suceden y expresa que Hay quien puede pensar que un matrimonio se rompe por discutir acaloradamente. Pero nuestra experiencia nos demuestra que hasta las parejas felizmente casadas pueden tener peleas a gritos. Los matrimonios felices no son nunca uniones perfectas. Discuten, como todos, de lo mismo: el dinero, el trabajo, los niños, el mantenimiento de la casa, la familia política... El misterio es cómo logran moverse con desenvoltura a través de esas aguas turbulentas.
Parecer que el secreto de un matrimonio feliz es que están basados en una profunda amistad entre ellos. Los cónyuges se conocen íntimamente, conocen sus gustos, la personalidad, las esperanzas y los sueños de su pareja. Muestran gran admiración y respeto el uno por el otro, y lo expresan no sólo con grandes gestos, sino con pequeños detalles diarios.
La amistad entre los cónyuges ofrece la mejor protección contra los sentimientos negativos hacia la pareja, que posiblemente surjan en la relación. Un matrimonio que vive así ha alcanzado un nivel alto de estabilidad positiva, las discusiones influyen menos en su distanciamiento. En seguida, después de una discusión, recuperan el “equilibrio”.
La mayoría de los matrimonios empieza con un grado alto de “equilibrio positivo”. Les parece imposible que algún día se pueda romper. Pero a menudo esto no dura mucho. La irritación, la rabia, el resentimiento, pueden crecer hasta el punto de que esa “amistad” se vuelve inexistente. Finalmente, los sentimientos negativos hacia el otro triunfan sobre los positivos. Todo se interpreta mal. Llegados a este punto, puede parecer difícil volver al punto de partida. Hay que hacer un esfuerzo por revivir la amistad primera.
...pero... en mi experiencia propia he llegado a descubrir que uno de los ecretos para un matrimonio feliz no es tratar de todo salga bien, proque lo que a Mi me parece lo ideal no lo es para mi esposa, y solo con un alto grado de comprención uno puede encontrar ese punto de equilibrio entre LO QUE TE GUSTA Y LO QUE ME GUSTA.
Mi esposa ha desarrollado un amplio sentido de la tolerancia, cosa que aun yo trato de desarrollar, pero cada vez que surgue alguna "diferencia" entre nosotros, es ella quien toma la batuta de enmendar lo sucedido, es decir, un matrimonio NUNCA va ser feliz si alguno de los conyugues trata de hacer las cosas a la PERFECCION, porque dicha perfeccion en el matrimonio no existe.
Hace poco leí un articulo que trata aceca de esos inconvenientes que a diario suceden y expresa que Hay quien puede pensar que un matrimonio se rompe por discutir acaloradamente. Pero nuestra experiencia nos demuestra que hasta las parejas felizmente casadas pueden tener peleas a gritos. Los matrimonios felices no son nunca uniones perfectas. Discuten, como todos, de lo mismo: el dinero, el trabajo, los niños, el mantenimiento de la casa, la familia política... El misterio es cómo logran moverse con desenvoltura a través de esas aguas turbulentas.
Parecer que el secreto de un matrimonio feliz es que están basados en una profunda amistad entre ellos. Los cónyuges se conocen íntimamente, conocen sus gustos, la personalidad, las esperanzas y los sueños de su pareja. Muestran gran admiración y respeto el uno por el otro, y lo expresan no sólo con grandes gestos, sino con pequeños detalles diarios.
La amistad entre los cónyuges ofrece la mejor protección contra los sentimientos negativos hacia la pareja, que posiblemente surjan en la relación. Un matrimonio que vive así ha alcanzado un nivel alto de estabilidad positiva, las discusiones influyen menos en su distanciamiento. En seguida, después de una discusión, recuperan el “equilibrio”.
La mayoría de los matrimonios empieza con un grado alto de “equilibrio positivo”. Les parece imposible que algún día se pueda romper. Pero a menudo esto no dura mucho. La irritación, la rabia, el resentimiento, pueden crecer hasta el punto de que esa “amistad” se vuelve inexistente. Finalmente, los sentimientos negativos hacia el otro triunfan sobre los positivos. Todo se interpreta mal. Llegados a este punto, puede parecer difícil volver al punto de partida. Hay que hacer un esfuerzo por revivir la amistad primera.
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